martes, 7 de abril de 2009

La princesa Masako junto a su marido, Naruhito La futura emperatriz de uno de los países más avanzados del mundo vive confinada por una enfermedad mo


La princesa Masako junto a su marido, Naruhito La futura emperatriz de uno de los países más avanzados del mundo vive confinada por una enfermedad moderna y unas leyes atávicas.
* Mientras su historia inspira en Occidente biografías apasionadas, su pueblo comienza a cuestionarla
La llaman la princesa cautiva, la mariposa atrapada, la dama triste, la prisionera del trono del crisantemo...
Vive desde hace 16 años en el palacio de Togu, en pleno Tokio, separada sólo por una hilera de embajadas, del barrio que marca el pulso de las noches de la capital; a pocas paradas de metro del parque de Yoyogi-koen, donde jóvenes siniestros y dulces lolitas amenizan con sus disfraces las mañanas de domingo; a quince minutos en bus del hogar de las fashion victims -Shibuya-, y a media hora de los templos y mercadillos en los que las mujeres se pasean aún en kimono, aferradas a móviles de última generación.

Princesa MasakoMasako, de 45 años, sale poco. Quizá no recuerda con precisión los contrastes y la belleza que forman el entramado de su ciudad natal. Sumida en una depresión que la ha recluido en un misterioso silencio, apenas asiste a actos públicos y espacia sus viajes oficiales. Durante el día desarrolla "una intensa actividad monárquica", apuntan, sin embargo, fuentes palaciegas. La formación de una futura emperatriz consorte, que incluye clases de poesía, historia y cultura japonesa, es compleja y puede durar décadas. El tiempo que le queda libre, lo emplea en su hija Aiko. También toca el violín y le gusta caminar por la montaña.

Niña bien y yuppie internacional

Poco queda de aquella treintañera emancipada, políglota y encantadora que cautivó al mundo cuando contrajo matrimonio en 1993 con Naruhito, heredero al trono de Japón.

Antes de dar el "sí, quiero", la plebeya Masako Owada había vivido en Rusia y EE UU, había estudiado en Harvard y Oxford, y había trabajado -brillantemente- en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Dicen que Masako sólo aceptó a su pretendiente cuando éste la convenció de que en la Casa Imperial podría desempeñar funciones de diplomacia. Durante el anuncio de su compromiso, recibió su primera reprimenda: había hablado unos segundos más que Naruhito